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Escucha Comunitaria: lo que construimos en seis horas en Cartagena

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Nunca había ido a una hackathon con mi hermano. Él es politólogo, líder social y juvenil, con años de trabajo comunitario. Yo soy ingeniera, trabajo en IA. Parecía la combinación más improbable para un evento de tecnología. Resultó ser la más natural del mundo.

El 13 de agosto de 2026 estábamos en Cartagena, en la Hackathon CTW, con un reto concreto: construir algo que ayudara a resolver una problemática real de la ciudad. Elegimos la que nos parecía más urgente y más ignorada. La brecha entre lo que los gobiernos locales deciden construir, sus proyectos, sus políticas, y lo que la gente realmente necesita.

Esa brecha no existe porque los gobiernos sean maliciosos. Existe porque escuchar, de verdad, a miles de personas es un problema técnico enorme. Y porque la información que sí se recoge, encuestas, entrevistas, foros comunitarios, suele quedarse en documentos que nadie procesa bien.

Escucha Comunitaria fue nuestra respuesta.

La idea central es simple: ¿qué pasaría si toda esa información dispersa viviera en un sistema que puede procesarla, entenderla y responderla? ¿Si fuera posible preguntarle a un corpus de voces ciudadanas qué piensa la gente de Cartagena sobre la inseguridad, el transporte o la salud, y recibir una respuesta fundamentada en lo que esas personas realmente dijeron?

Eso es lo que construimos. Pero antes de hablar del sistema, tengo que hablar de cómo lo construimos, porque esa parte es igual de importante.

Mientras yo estaba en la sala de informática, rodeada de participantes, programando todo lo que íbamos a necesitar, mi hermano tenía otra misión: salir a la universidad, recorrerla, y entrevistar a todas las personas que pudiera encontrar. Preguntarles sobre sus vivencias, sus testimonios, su percepción sobre la ciudad. Él era la fuente de datos. El que traía las voces reales.

En algún momento del día me preguntaba, ¿para qué lo había llevado? Se sentía como mosca en leche entre tanto ingeniero. No entendía de lo que hablaba nadie, no sabía qué hacían los demás equipos, y sentía que estaba perdido.

Le dije que no se preocupara. Que no tenía que entender nada de lo que pasaba adentro. Que él había llegado con una misión distinta, y que esa misión era más difícil que la mía.

Porque sacarle las palabras a la gente es complicado. Más aún en Cartagena, en donde la gente se cuida mucho de lo que dice, piensa en las consecuencias, desconfía. No es fácil lograr que alguien hable con honestidad sobre sus problemas, sobre lo que no funciona en su ciudad, sobre lo que el gobierno no ha resuelto. Requiere tacto, experiencia, confianza. Años de trabajo comunitario. Eso es lo que él traía.

Al final del día, el sistema que construimos fue tan bueno como los datos que él logró recoger.

Un sistema con tres funcionalidades.

La primera: un cerebro conversacional. Entrenado con entrevistas y encuestas reales de habitantes de Cartagena, sobre temas que ellos mismos priorizaron (inseguridad, educación, salud, transporte, entre otros). Puedes hablar con ese cerebro. Puedes preguntarle qué piensa la ciudad.

La segunda: validación de propuestas. Introduces una política pública o un proyecto, y el sistema la contrasta con las voces del corpus. ¿Es viable? ¿Quiénes lo mencionaron como prioridad? ¿O, por el contrario, la misma gente dijo que no lo quiere, que no es necesario? El gobierno que quiera escuchar tiene ahora un espejo.

La tercera fue la más compleja de implementar, y la más interesante. Usamos aprendizaje no supervisado (clustering sobre la base de datos vectorial) para encontrar patrones que se le escapan al ojo humano. Grupos de necesidades que se repiten, conexiones entre temas que nadie había mapeado, estructuras que emergen cuando dejas que la IA descubra lo que los datos esconden.

Todo esto en menos de seis horas. Solo dos personas: un politólogo y una ingeniera.

Técnicamente, el sistema integra IA generativa, RAG, análisis de datos avanzado y aprendizaje no supervisado sobre una base de datos vectorial. Pero lo que más me importa no es la arquitectura, es que funciona como puente entre dos mundos que rara vez se hablan: el mundo de los datos y el mundo de la gente.

Obtuvimos el segundo lugar. Y antes de que el viaje de regreso terminara ya estábamos pensando en cómo continuar.

Si quieres el detalle técnico (arquitectura, stack, las tres funcionalidades explicadas a fondo), puedes ver la ficha del proyecto Escucha Comunitaria.